El placer está en los detalles...

El río tiene esa quietud en movimiento, parece una foto fija en la retina y sin embargo, sabemos que se mueve. Poderoso en las crecidas y para dar calma y descanso (como pocas cosas...). La lejanía del horizonte relaja los parpados y el casi imperceptible, pero constante, ruido del agua provoca un estado de somnolencia que, sostenido, seguramente desemboque en una profunda siesta en la orilla. Los pies descalzos se apoyan suaves sobre el pasto húmedo, un viento fresco acaricia la corriente y zarandea las hojas que dan su sombra, entreverada por los rayos que se filtran...


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