Diario de Viaje - 3era Parte - Ojo de Nomade (Al ritmo del trotamundos)
Al llegar a Bolivia dimos por terminada la primera etapa del viaje, quizás la mas domestica y afable pero no por ello tranquila (en rigor de la verdad fue bastante agitada). Al cruzar la frontera empezamos un nuevo viaje totalmente distinto. Habíamos cruzado Bolivia de camino hacia Cuzco, pero no habíamos estado en ningún lugar, de hecho solo estuvimos en micros que estaban siempre en movimiento, y al igual que nosotros, siempre de paso.
Esta vez era distinto, ya habíamos estado en Perú y regresábamos a Bolivia para quedarnos, para conocer y también para regresar al punto de partida, a ese punto donde el circulo se cierra y la travesía se termina.
El comienzo del regreso empezó en Copacabana, ciudad a orillas del lago Titicaca. Es un lugar pequeño, no hay mucho para recorrer, pero tiene su encanto. Los domingos se celebra la bendición a los coches y camiones. Filas largas de autos adornados con flores y guirnaldas, la gente en la calle también con adornos, flores y sombreros, abundan pétalos de rosas y de margaritas en la vereda y el empedrado. Los coches son bendecidos con vino y alrededor los pobladores hacen estallar pequeños fuegos de artificio, más ruidosos que luminosos, pero de artificio al fin. La bendición es para darles protección en las rutas y caminos, para protegerlos de accidentes e infortunios.
Día frío y lluvioso, no pudimos hacer mucho. Un recorrido rápido por el centro, almorzar algo y volver al hostel para una ducha y una siesta. La ducha estuvo bien, la siesta te la debo. Sin ganas de dormir, salí a caminar el pueblo (ya sin lluvia pero con viento frío) sin saber que la sorpresa estaba casi al doblar la esquina. Una voz conocida pronunciaba a gritos mi nombre, para mi grata sorpresa un grupo de amigas estaban en la ciudad, tan extraña y llena de extraños que encontrar un manojo de gente conocida fue un regocijo. Seguimos caminando y llegamos a la costa del lago. Ya no llovía, sino más bien estaba soleado y con calor. Junto a las Cecilias (Ursi, Serrano y Wolman) y Florencia fuimos a dar una vuelta en unos botes a pedal. ¿Quien hubiera dicho que en esos pagos iba a encontrar a cuatro paideias peregrinas? Yo no.
Vuelta a la playa, cebar unos mates y arreglar para cenar todos juntos. Vuelta al hostel. Charla técnica con Fer, Gus y Flor (a esta altura casi éramos los 4 Fantásticos). A la noche, pizza con cerveza en un bar del pueblo. Los dueños, hinchas de Lanus. La música, no podía ser de otra manera, era argentina y variaba de Sumo a Los Redondos, de Fito al Flaco, de Charly a Calamaro y de La Bersuit a...y así iba reunido el G8 por Bolivia. Terminada la cena, un par de bares y a dormir, a la mañana siguiente nos esperaba la Isla del Sol, donde pasaríamos 4 días hermosos.
Llegamos a la parte sur de la isla, almorzamos trucha fresca (si, recién pescada) y partimos para la parte norte. Unas tres horas de caminata que terminaron siendo mas del doble, llegando al puerto bien entrada la noche, con la lluvia pisando nuestros talones y algún que otro tobillo torcido y algunos nervios alterados...Todo iba bastante bien hasta que nos perdimos. Todo iba bastante bien hasta que nos perdimos y se hizo de noche. Todo iba bastante bien hasta que nos perdimos, se hizo de noche y se largo a llover. Todo fue mejor al llegar a la playa y ver carpas y fogatas. Habíamos llegado, al fin! Entramos a un pequeño restaurancito de playa, un pseudo-parador, y cenamos algo (lo que quedaba bah!). Sopa, algunos comimos pescado y otros comieron fideos. Una ensalada de frutas, el infaltable tute y después la pregunta: ¿Donde dormimos? Afuera llovía, hacia frío y estábamos todos cansados.
- “¿Disculpe señor, podemos quedarnos a dormir acá? Mañana a la mañana nos vamos y lo ayudamos con los desayunos!” pregunto alguien de todos los que estábamos. Nos dijeron que si, así que nos organizamos para dormir. Bolsas de dormir al piso, sillas arribas de las mesas, luces afuera. Pequeño detalle: - “¿Che, acá no habrá vinchucas, no?” Techo de paja, paredes de barro, humedad...Esa fue la pregunta que me hice. Y yo dormí en la bolsa de dormir adentro de una carpa. No habia vinchucas finalmente, pero ya estaba psicopateado. De todas formas, como siempre o casi siempre, termine durmiendo muy bien, demasiado bien!
Amaneció lluvioso y fue mejorando gradualmente, como todos los días en la Isla del Sol. Cíclicamente, todos los días de nuestra estadía, llovió a la noche, a la mañana y fue mejorando gradualmente hasta convertirse en un día soleado y caluroso, como debe ser en la playa!
Al otro día el ya clásico desayuno, café con leche y tostadas con dulce, mucho dulce y muchas tostadas, y el, también clásico, tute cabrero. Después a la playa a tomar sol, jugar al tute...las prometidas "vacaciones de las vacaciones". Fuimos a navegar en un bote a remo que alquilamos y nos quedamos en el lago un rato largo. Coordinar los brazos para remar eficientemente fue una tarea ardua, muy ardua. El Lata y Flor le agarraron la mano rápido mientras yo daba vueltas como perro atado, pero al fin y al cabo (y eso es lo que importa), me di el gusto de navegar por el lago Titicaca!.
Los días en la isla se sucedieron rápidos, nos visitaron Dominik y Mahla, también pasaron por ahí algunas de las paideias. Como en postales de paisajes, ellos iban apareciendo y nosotros permanecíamos en la isla. Hasta que fue tiempo de volver y volvimos.
De Copacabana rápido a La Paz. Ciudad caótica si las hay, llena de autos que pasan semáforos sin importar el color y tocan bocina casi al tiempo que respiran. Ruido y caos es La Paz. Combis que hacen las veces de colectivo llenan la ciudad. En el asiento delantero un hombre grita el recorrido. Pero no es uno solo, son cientos. Tantos gritos de recorridos como camionetas en la ciudad. Y lo mas sorprendente es que la gente esta acostumbrada a ese desquicio.
Llegamos un viernes y el sábado nos fuimos a Coroico, un pueblo casi en las yungas (para llegar a Coroico bajamos de 4.500 mts aprox. hasta 1.200 mts aprox.). Mucho calor y mosquitos, hoteles con pileta a precios populares! Coroico es un lugar para descansar y conocer. El pueblo tiene algunas construcciones muy bonitas, pero lo mas lindo son los miradores que hay en el pueblo. Las montañas verdes lucen increíbles a la luz del atardecer...
De todas formas la estadía en Coroico fue bastante breve, un fin de semana y nada más. El domingo a la noche había que estar en La Paz. El lunes se festejaba el 1er año de gobierno de la Revolución Democrática y Cultural, léase el primer año de gobierno de Evo Morales Ayma.
Y era un evento que no me quería perder. Pero eso (y lo que sigue) queda para la próxima parte del diario de viaje.


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