Como una pluma voy cayendo
Fue una semana que empezó agitada y movida, con muchas subidas y bajadas, abruptas e inesperadas, incontrolables e indeseadas.
Sin embargo pude recobrar el control, calmar las aguas (que bajaron turbias, pero bajaron) y reposar en el suelo mirándote en las estrellas. Luego la incertidumbre, de manera lenta y pacifica, casi imperceptible, se apodero de la situación. Nubes grises se cerraron sobre el firmamento, sin lluvia ni vientos (todo era calmo, pero a la vez extraño). Calma e incertidumbre convivieron un tiempo, nunca nadie supo cuando se desataría la tormenta (si es que habría una...) ni como afectaría, ni que destrozos ocasionaría. El pueblo miraba al cielo y suplicaba. Los truenos comenzaron y hubo pánico en sus ojos. Llantos y lamentos, creían que todo estaba perdido. Las madres tristes corrían hacia las casas junto a sus hijos, los hombres se preparaban en vano juntando leña y alimentos.
Todos sabían que de haber tormenta nadie podría resistir y todo estaría perdido.
Sin embargo no llovió, pero tampoco el cielo se despejo.
El firmamento sigue gris, el sol sin aparecer y las nubes amenazan...cínicamente se abstuvieron de desatar el temporal (el espectáculo del pueblo atemorizado era mas divertido que la destrucción misma...).
Y ahí vamos, con calma, tranquilidad y control, pero con la incertidumbre de no saber que va a pasar, de no conocer el desenlace, de no saber bien que es lo que esta pasando.
Ellos nunca pudieron discernir si era una tormenta mas que arreciaba o si era el diluvio universal...Pero esperaban con calma y optimismo a que salga el sol. Comenzaron a creer que no todo estaba perdido y que quedaba mucho por hacer.

