De cuervos, augurios y tristezas
La muerte viene volando bajito, se la siente en el aire, en el viento que golpea las ventanas, en el frió que te eriza la piel...Es una sensación de profundo pesar, pero también de una pequeña satisfacción. Esa sensación de saberse delante de los hechos, que permite que uno pueda tener un cierto resguardo frente al temporal que se avecina. Y esa antelación, esos minutos de oro que marcan la diferencia con el resto, es ese pasito al frente que te separa y excluye del resto. La soledad de saber lo que viene, soledad por no poder avisar, por no poder dar una señal. Impotencia.
No es una mezcla alegre, pero estas avisado. Y cuando todo rompa en lluvias, yo no voy a estar sorprendido. No sabré ni donde ni como resguardar mi alma, pero se que lo hay mas adelante. Y ahí esta la tristeza de lo inevitable, del imparable avance las cosas. Que van a terminar mal. Muy mal. Y tener cierta idea de lo que puede llegar a pasar, es peor. Miro la tragedia como un espectador, pero no puedo quedarme ahí. Soy parte de tu tragedia. Pero estoy expectante a que algo suceda. Es un miedo que me acompaña desde hace ya un tiempo. La muerte. Tu muerte.
Miedo de que todo pase y yo no haya hecho nada. Y sin embargo me vas a decir "¿Que podrías haber hecho para evitar todo?", tirándole el fardo al destino inevitable de las cosas.
Con esa mentira tenes pensado dar consuelo.
Puede que no pase nada, y que incluso las cosas se positivizen. Pero hoy no soy tan optimista.
Lo que se presiente no debe ser desoído.

